viernes 26 de junio de 2009

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Tu fe te a curado
Mc. 5,21-24
El domingo pasado veíamos cómo Jesús ejerce su poder y calma la tempestad en medio del lago e increpa a sus compañeros la falta de fe. Hoy el relato evangélico muestra la fe de una mujer que ya había perdido toda esperanza, y también la de un padre, que hincado en el suelo, suplica a Jesús que le acompañe a su casa e imponga las manos sobre su hija que "está en las últimas", que está muriendo,
Sabemos muy bien que el Señor tiene poder, nos lo recordaba el pasaje del domingo pasado. Ese poder hoy lo vemos ejercido para el alivio de una enferma, para la recuperación de la vida, en el caso de la niña. Jesús muestra su poder divino con cara humana para nuestra edificación. Como dice el salmo: El Señor es compasivo y misericordioso.
La mujer que padece flujo de sangre es considerada impura y lleva doce años en semejante situación. La enfermedad le impide tener hijos, algo que el pueblo interpreta como castigo de Dios. A estos sufrimientos hay que añadir, como nos recuerda el santo evangelio, lo que había padecido a manos de los médicos y la pérdida de todos sus bienes en búsqueda de alivio. Ella piensa que sólo le queda una esperanza: Jesús.
Disimuladamente se acerca al Maestro y toca la borla del manto porque ella sabe en su corazón que el Maestro la va a sanar, su fe hace fuerza para mover el poder misericordioso de Jesús, quien enseguida nota que algo ha pasado. Los discípulos se extrañan porque Él pregunta: ¿Quién me ha tocado? Estando como estaban rodeados por un gentío. Y es que Jesús sabe muy bien que alguien se ha acercado reconociéndole como algo muy superior a otros predicadores, a alguien que sabe lo que hay en el corazón. ¡Qué consoladoras palabras las de Cristo! "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y sigue sana de tu tormento".
Esta frase tan consoladora de Jesús, a la mujer que buscó la sanación, es la misma que nos dice a cada uno de nosotros cuando acudimos a Él en nuestras tribulaciones. La paz es el estandarte del Resucitado. La paz interior, la paz del corazón es el fruto de nuestra vivencia en Jesús. Los cercanos a Él, incluso en medio del sufrimiento, viven en paz, paz que es el fruto de la imitación de Jesús.
En ese mismo día Jesús responde al dolor de un padre que está a punto de perder a su hija. Jesús acepta hacerle una visita y cuando le informan que ya ha muerto, Él responde: "No, ella está dormida". Respuesta, claro está, que provoca las risas de los presentes, los cuales, unos minutos más tarde, se quedan pasmados al ver a la chiquilla caminar y hablar, No nos queda otra cosa que hacer, donde está Jesús no hay muerte.
Cuántas veces no nos hemos encontrado en la misma situación de la mujer enferma o la hija del oficial en el Evangelio de hoy?
¿Cuántas veces, sobrecogidos por el miedo, hemos visto tambalear nuestra propia fe, pero también sin saber exactamente de donde viene, hemos experimentado que nuestra vida como nuestra fe puede ser tan fuerte que hasta montanas puede mover?
La mujer que había estado sufriendo de hemorragias por doce años, sin preguntárselo dos veces, el corazón de su fe le dice que si llegase al menos a tocar el manto de Jesús, ella se salvaría? Después de haber sufrido tanto en esta vida, su fe en el Mesías le permite esperar que se realice un milagro en su vidas. Ella abandona el miedo que la había dejado casi sin esperanza, y se entrega por completo a la
aventura de creer, creer y creer sin límites.
El miedo es el enemigo número uno de la fe. Simple y únicamente porque allí donde hay miedo, hace mucho tiempo que desapareció la confianza. Y donde no hay confianza en Dios, no hay fe.
La fe son nuestros ojos en este valle de lágrimas. La fe nos permite ver que a pesar del dolor, la enfermedad, la muerte, el hambre, y el sufrimiento, Dios siempre va a estar con y por nosotros.
Pero hay una hermana de la fe, que nos hace ser fuerte ante mal, que nos hace fuertes ante el miedo, el sufrimiento y la muerte. Si la fe son nuestros ojos en este valle de lágrimas, esta hermana de la fe son nuestras piernas, es la que nos permite y da energía para seguir caminando aún cuando todo parece ir mal y estar en oscuridad.
Esta hermana de la fe es la esperanza.
La fe nos permite ver a Dios como en un espejo, pero la esperanza nos asegura que el Dios que vemos imperfectamente como en un espejo, un día lo llegaremos a ver cara a cara como una realidad plenamente gozada y poseída.
Una fe sin esperanza no tiene sentido, es una fe sin objeto, termina en el vacío, se ve expuesta al fracaso, y finalmente, muere. Por su parte, la fe confiere un fundamento sólido a la esperanza, evita que la esperanza sea una fantasía.
La fe son nuestros ojos en este caminar por la vida, pero la esperanza son nuestras piernas. Si ella no podríamos avanzar.
La fe nos sana y libra de las garras del miedo, pero la esperanza nos asegura que después de la tormenta siempre saldrá el Sol.
Cuando el dolor y la desesperación nos amenacen, cuando el viento de la vida estremezca nuestro corazón, cuando el mar de los problemas nos abrume, pidamos al Espíritu de Confianza que fortalezca nuestra fe.
El Evangelio nos invita a no perder la fe. Si perdemos la fe estaremos perdidos, el miedo se apoderará de nosotros y viviremos como si estuviéramos muertos.
A pesar de las guerras, los conflictos, el terrorismo, la violencia, el odio, la venganza, el hambre, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, nuestra fe se apoya en un Dios que nos dice que siempre vendrán tiempos mejores.
Nuestra fe no solamente está puesta en una vida en el más allá.
Nuestra fe se convierte en el presente en una fuerza transformadora. Eso quiere decir que nosotros los cristianos no nos quedamos con las manos cruzadas ante las situaciones difíciles.
Nosotros hacemos algo. Nos convertimos en hombres y mujeres que trabajan por la justicia y la paz, buscamos medios y estrategias para erradicar la pobreza y la enfermedad, para proteger el medio ambiente, para salvaguardar la vida, para traer una palabra de aliento a aquellos que la están pasando mal.
No tengamos miedo. Creamos en esa fuerza del corazón, que experimentamos y llamamos fe, que nos hace mover montanas aun en los momentos de fragilidad y confusión.

lunes 22 de junio de 2009

QUE ES EL TIEMPO ORDINARIO

Tiempo Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.
Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.

El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario.


Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!
El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”. Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma.
Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento. Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos?

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

¿No te importa que nos hundamos?
El evangelio de hoy nos describe el mal momento que vivieron los discípulos, cuando una tempestad los sorprendió en medio del lago. Fácilmente podemos identificarnos con los atemorizados navegantes pues todos nosotros, en algún momento, nos hemos sentido impotentes ante acontecimientos que nos superan. En la descripción que hace el evangelista Marcos, se destacan dos sentimientos, el temor y la duda. Nos dice el texto que “de pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua”. Las fuerzas de la naturaleza nos recuerdan lo débiles y vulnerables que somos. Aunque el hombre de hoy se crea un súper hombre, en los momentos más difíciles siempre es vulnerable y ese temor experimentado va acompañado de una profunda crisis de confianza en Jesús.

Detengámonos a analizar las connotaciones de la duda que conmociona a los discípulos:
· Ellos no cuestionan su poder, pues lo han visto resucitar muertos y hacer caminar a los paralíticos. Se trata de una duda ética: han puesto en duda que a Jesús le importen sus vidas y su seguridad: ·”Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Es una pregunta de reclamo de Amistad ante la impotencia que se experimenta, cuántos de nosotros muchas veces le gritamos a Dios con fuerza Donde estas!! O dónde estabas cuando todo esto paso? O que hago ahora que estoy metido en medio de todo esto?

· Esta recriminación es demoledora pues cuestiona la relación de confianza y compromiso que Jesús estaba construyendo en su ministerio apostólico. Jesús – que se identificaba con el buen pastor que se enfrenta al lobo para proteger al rebaño – tuvo que sentirse muy mal al escuchar semejante comentario. Su proyecto de vida era la solidaridad; su misión era dar la vida como suprema expresión de amor. ¡Y sus amigos interpretan torcidamente su silencio!, los seres humanos siempre interpretamos de otra manera el silencio de Dios, nunca sacamos una enseñanza de sus pruebas, porque creemos que somos más sabios que el mismo Dios. Y hasta nos olvidamos de el y de nuestros mismos hermanos que van en la barca con nosotros

· Uno de los indicadores más expresivos de la calidad humana de alguien es su capacidad de tender la mano en las situaciones críticas. En esos momentos conocemos a los verdaderos amigos. Tenemos que aceptar que este indicador tiene un pésimo desempeño en nuestra sociedad. Ante el drama ajeno simplemente comentamos ¡de malas!, y seguimos nuestro camino.

Este relato de la tempestad, nos invita a reflexionar sobre la fe: ¿qué significa tener fe en Dios? y cual debe de ser nuestra respuesta a los cuestionamientos a esa fe, que Dios va poner a base de pruebas y tempestades, que quizás nos enojen o nos depriman en un momento determinado. Ante esto tenemos que ser verdaderos creyentes.
El verdadero creyente no espera manifestaciones espectaculares de Dios en su vida. La fe adulta establece una relación de confianza con Dios, la cual se va enriqueciendo en la vida diaria de una manera discreta y silenciosa. Se trata de encontrar a Dios en la agenda cotidiana.
· La fe adulta no espera que Dios resuelva los problemas afectivos, económicos o de salud. Hay personas que tienen una comprensión equivocada sobre la forma como Dios actúa en el mundo. Dios nos ayuda a resolver nuestros problemas dándonos el valor para afrontarlos y, mediante la acción del Espíritu Santo, sugiriéndonos posibles caminos de solución. La responsabilidad recae sobre nosotros.
El mensaje central que nos transmite el evangelio de este domingo es la confianza en Dios: “Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: ¡cállate, enmudece! Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: ¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?”

Los discípulos salieron sanos y salvos porque se habían embarcado con Jesús. Si Jesús no hubiera estado con ellos, probablemente la aventura no habría tenido un final feliz. ¡Ahí está el secreto! Embarquémonos con Jesús. Que la joven pareja que se acerca al altar para prometerse amor y fidelidad invite a Jesús a ser su compañero de travesía… Que el profesional que cada día se dirige a su lugar de trabajo haga de Jesucristo el socio con el que consulta sus decisiones y proyectos… Que las personas que se sienten solas escojan a Jesucristo como su confidente con el que comparten sus dudas y preocupaciones…
Si nuestro grito es oración, que fantástico grito de auxilio que será escuchado de forma positiva y engalanadora en nuestra vida, porque la oración calma cualquier tempestad, cualquier duda, cualquier tormento y fracaso que haya, pero si es un grito de desconfianza en la providencia del maestro, y esa desconfianza se vuelve duda y falta de fe tendremos que escuchar las duras palabras que Jesús le dice, ¿Por qué son tan cobardes? ¿Por qué dudan? ¿Aun no tienen fe?.

Con estas duras frases quiere hacernos entrar en razón, los cobardes siempre tienen miedo a las pruebas, y no son capaces de crecer y de dejarse moldear. Los cristianos de hoy estamos llamados a afrontar las tormentas de la vida con valentía y con coraje armados de fe en Jesús que nunca nos abandona, esa llamada a la fe que Jesús nos hace hoy es una llamada a hacernos entrar en razón y a cuestionarnos a nosotros mismos si nuestra fe es solida o simplemente es una fe aparente e interesada, que no está dispuesta a soporta pruebas y dificultades, para solidificarse en Cristo.

La iglesia está cansada de cristianos cobardes y flojos que no son capaces de luchar para vencer las adversidades y dolores que el ser cristiano conlleva, animémonos a vencer nuestras propias tormentas junto con Jesús que esta junto a nosotros en este convulsionado mar de la vida, que a veces parece que nos hunde y nos veces, pero recuerda Cristiano, ¡No estás solo! El está con nosotros en esta barca, solo seguimos su propio proyecto.

· Como los discípulos, también nosotros nos hemos sentido atemorizados y llenos de interrogantes en las tempestades que hemos padecido. No pretendamos viajar solos. Invitemos al buen Dios para que suba a nuestro barco y sea compañero de travesía. Con Él a bordo lograremos llegar al puerto y cumplir nuestra misión.

domingo 7 de junio de 2009

SE NECESITAN HEROES…

En estos días en que muchos medios de comunicación social se tomado la tarea de desprestigiar el sacerdocio por la caída de un solo hijo de la iglesia que se equivoco, quiero contrarrestar en este blog, ese flagelo en contra del sacerdocio ministerial que es visto por muchos como algo que no tiene sentido y que no se puede vivir de formal fiel y bien llevada. Y lo digo como testigo y como sacerdote.
Quienes somos los sacerdotes, es la gran pregunta del mundo moderno, solo somos hombres especiales tomados de entre los hombres y puestos al servicio de nuestros mismos hermanos, dice la carta a los hebreos, somos elegidos de en medio del pueblo de Dios, no somos ángeles, somos humanos con una consagración divina.
Fuimos llamados de los lugares más sencillos y quizás de donde menos nos podríamos imaginas de ahí nos llamo Dios para ser ministros suyos, no lo hizo por nuestros meritos, creo que ningún sacerdote tiene los meritos necesarios para poder serlo. Sin embargo nos llamo. Por tanto, quisiera hacer un pequeño llamado a que viéramos no solo a nuestros hermanos sacerdotes que han fallado, que su humanidad les traiciono y no seamos jueces, sino que los encomendemos a nuestras oraciones como tal… Pero que así como esos pocos han caído hay muchos que se mantienen al pie del cañón luchando por ser fieles y trabajando incansablemente por el reino de los cielos, trabajando en fidelidad y desinteresadamente en tantas y tantas parroquias de misión, hombres que se han desgastado por la mies, a esos hombres los medios no les hacen caso, a esos que están en las selvas del África, del amazonas, a esos que se encuentran atendiendo los enfermos y débiles, a esos que por aos y años, formaron y enseñaron y forjaron la fe y la humanidad a esos no les prestamos atención, a esos valientes y santos hombres hoy les recuerdo y les admiro.
No deberíamos escandalizarnos por que se nos persigue en estos tiempos, Jesús mismo nos lo dijo, si me persiguen a mí, los perseguirán a ustedes por mi causa, por tanto, hoy pongo un grito a la humanidad, Jóvenes se necesitan Héroes, que se comprometan a decir si a el proyecto de Jesús, Si a su obre, SI al llamado sacerdotal…. TE has puesto a pensar que puedes ser un héroe siguiendo a Jesucristo…. Piénsalo y recuerda que la mies es mucha y los obreros pocos…. Ven y sígueme… dice el maestro. Porque no decir si….

SER SACERDOTE PORQUE NO?

DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD

El misterio de la Santísima Trinidad es un gran misterio: un solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.
Muchos Teólogos que lo han estudiado han tratado de hacerlo accesible al hombre común. Y han tratado de explicar lo de las Tres Personas y un solo Dios mediante diversos símiles, tratando de ponerlo al alcance de todos. Uno de estos símiles, tal vez el más convincente, es el de comparar a las Tres Divinas Personas con tres velas encendidas, cuyas llamas se unen formando una sola llama. Todas las comparaciones humanas, sin embargo, quedan cortas, como es todo lo humano al referirlo a la infinidad de Dios. El Misterio de la Santísima Trinidad es una verdad que está muy ... muy por encima de nuestras capacidades intelectuales, pues entre nuestra inteligencia y la Sabiduría de Dios existe una distancia ¡infinita¡
Se cuenta que mientras San Agustín se encontraba preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, le pareció estar caminando en la playa frente a un mar inmenso. Vio de repente a un niño que se distraía recogiendo agua del mar con una concha de caracol y tratando de vaciarla en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito. San Agustín, por supuesto, se dio cuenta de que era imposible que el niño lograra esa absurda pretensión. Entonces le dijo al niño: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “Esto no es más imposible de lo que es para ti meter el misterio de la Santísima Trinidad en tu cabeza”. Y con estas palabras el “Niño” desapareció. Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como este misterio. Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario. Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir este misterio de una manera oscura ... incompleta. Sin embargo, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.
Posteriormente el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. Así nos dice Jesús: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27). Recordemos nuevamente, entonces, que lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y recordemos que aunque aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario de una manera oscura, incompleta, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud,
porque veremos a Dios tal cual es.
¿Cómo podemos vivir este misterio desde ya aquí en la tierra? Nos lo explica la Segunda Lectura: “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios ... y podemos llamar Padre a Dios. Y si somos hijos de Dios también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rm. 8, 14-17). ¿Nos damos cuenta del privilegio que es poder llamar ¡nada menos que a Dios! “Padre”?
¿Cómo percibir las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Cómo ser dóciles y obedientes a esas inspiraciones? La clave está en la oración -la oración sincera. La oración nos abre al Espíritu Santo. Debemos orar para escuchar al Espíritu Santo. El es como una suave brisa, a la que hay que estar atentos para poderla percibir (cf. 1ª Re 19, 11-13). Debemos orar para permitirle que haga en cada uno de nosotros su obra de santificación. Así podremos vivir desde la tierra este misterio de la unión de nosotros con Dios. Y esa unión de nosotros con Dios no se queda allí, sino que tiene, como consecuencia segura, la unión de nosotros entre sí. Tal vez con esta explicación se nos haga más fácil comprender esa bellísima y conmovedora oración de Jesús durante la Ultima Cena: “Que ellos sean uno, Padre, como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de esta unidad” (Jn. 17, 21-23). ¡Unidos cada uno de nosotros al Dios Trinitario, para así estar unidos entre nosotros por Dios mismo!

domingo 31 de mayo de 2009

DOMINGO DE PENTECOSTES

Este domingo celebramos la fiesta de Pentecostés conocida también como “fiesta de las semanas” que era una fiesta con sentido agrícola, 50 días después de Pascua, y señalaba el fin de la cosecha. Para nosotros, los cristianos, tiene también, no ya un aspecto agrícola, sino más bien religioso, y eso sí, vemos el fin de algo y el comienzo de una nueva era, de una nueva etapa de la acción de Dios. El ruido, las ráfagas de viento, las lenguas de fuego nos recuerdan teofanías, visiones, manifestaciones extraordinarias de Dios en el Antiguo Testamento.
La liturgia conmemora la venida del Espíritu Santo, como queda relatada en la primera lectura, que es común a los tres ciclos litúrgicos.Esta lectura contiene dos escenas muy señaladas: la primera tiene lugar en una casa, la segunda en la plaza pública. En la primera vemos la transformación de unos individuos y, en la segunda, el resultado de dicha transformación. Podríamos hablar de un antes y un después. Antes de la venida del Espíritu Santo vemos a unos hombres un tanto incrédulos, bastante ignorantes y muy miedosos. Una vez que el Espíritu se posa sobre ellos, podemos ya hablar del valor, sabiduría y coraje que manifiestan. Durante su vida aquí en la tierra, el Espíritu de Dios acompaña a Jesús en su misión. Después de que él asciende a los cielos, el Espíritu está en sus discípulos para que lleven a cabo la misión que les ha comunicado.
La Fiesta de Pentecostés nos hace volver la mirada a la Torre de Babel: las diferentes lenguas separan al hombre, pero cuando el Espíritu está en medio, aunque hay multiplicidad de formas de expresarse, él nos dirige hacia la unión, hacia la fraternidad, hacia el entendimiento entre todos.En la segunda lectura San Pablo nos habla de las obras que proceden de la “carne” y los “frutos” que provienen del Espíritu. El contraste entre unos y otros se puede explicar como la diferencia que hay entre lo que es vida y lo que es muerte. Lo que viene de la carne, destruye; lo que procede del Espíritu da vida. El día de Pentecostés un gran número de personas quedaron transformadas. Todos aquellos que aceptaron al Espíritu sufrieron un cambio de corazón, ¿por qué, entonces, tantos de nosotros que hemos sido bautizados y confirmados, que profesamos ser “templos” de ese mismo Espíritu, no estamos del todo manifestando en nuestro comportamiento esos frutos de caridad, alegría y paz; generosidad, comprensión de los demás, bondad y confianza; mansedumbre y dominio de uno mismo?
También en el evangelio de esta festividad encontramos dos apartados. El primero lo encontramos en 15, 26-27. Esta es la tercera vez que Jesús anuncia el envío del Espíritu, Espíritu que vendrá a dar testimonio de Jesús y que hará que los discípulos también se conviertan en testigos de Jesús.En este eterno juicio-proceso que existe entre el bien y el mal, entre Jesús y los valores del mundo, entre lo que es vida y lo que da muerte: ¿cuál es mi testimonio? ¿qué clase de testimonio doy con mi comportamiento? ¿qué es lo que proclamo con mi modo de ser, pensar y actuar?En la segunda parte del evangelio (16, 12-15) encontramos el quinto anuncio de la venida del Espíritu, Espíritu que guiará a los discípulos hacia toda la verdad, hacia el conocimiento del Cristo total: su persona y su mensaje. El mismo Jesús se había declarado ser “el camino, la verdad y la vida”. El Espíritu hará posible que el discípulo acepte la verdad en su grandiosa y salvífica totalidad.“Envía tu espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra”.

QUIEN ES EL ESPIRITU SANTO

El apóstol San Pablo en su primera carta a los Galatas, nos dice: "Nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor! sino por influjo del Espíritu Santo" (1Co 12,3). Muchas veces hemos escuchado hablar de Él; muchas veces quizá también lo hemos mencionado y lo hemos invocado. Piense cuántas veces ha sentido su acción, cuando sin saber cómo, ha soportado y superado situaciones difíciles, ha salido adelante, se ha reconciliado, ha sido capaz de aceptar, perdonar, amar y hasta hacer algo por esa persona que en algún momento de su vida le ha ofendido… Esa fuerza interior que no sabe de dónde sale, es nada menos que la acción del Espíritu Santo en su vida que, desde su bautismo, habita en usted.

El Espíritu Santo ha actuado durante toda la historia de la humanidad pero, es Nuestro Señor Jesucristo quien lo presenta oficialmente: "Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Defensor que permanecerá siempre con ustedes. Este es el Espíritu de Verdad… En adelante el Espíritu Santo Defensor, que el Padre les enviará en mi nombre, les va a enseñar todas las cosas y les va a recordar todas mis palabras. … En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Defensor no vendrá a ustedes. Pero si me voy se lo mandaré. Cuando él venga, rebatirá las mentiras del mundo… Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora.

Pero cuando Él venga, el Espíritu de la Verdad, los introducirá en la verdad total" (San Juan, capítulos 14, 15 y 16). Cuando éramos niños, en el catecismo aprendimos que "el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es esta la más profunda de las verdades de fe: habiendo un solo Dios, existen en Él Tres Personas distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Verdad que Jesucristo nos ha enseñado con claridad en el Evangelio
, él nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16).

El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna.
Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado "otro paráclito" porque continúa haciendo presente la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna. El Espíritu Santo viene a guiar la vida de todos los discípulos del Señor, en aquel tiempo y en el nuestro: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros” (Jn 16,12-15).

sábado 16 de mayo de 2009

El NOS AMO PRIMERO
Jn 15, 9-17

Después de tantos domingos celebrando la pascua, la resurrección del Señor, llegamos a lo central de la vida cristiana: el amor. Hoy las tres lecturas dan vueltas a lo mismo: la cuestión es amar. Ahí es donde se juega nuestro seguimiento, nuestra fe en Dios. Hay una cuestión que no hay que olvidar en esto del amor: es que él nos amó primero. No hay que olvidarlo nunca. Lo nuestro es amor de respuesta, por así decir. No tenemos más que volver los ojos a él para darnos cuenta. Lo nuestro no es más que agradecimiento, acción de gracias. Si se quiere, lo mínimo que puede hacer una persona educada ante el que le tiende la mano en la dificultad.
Dios es el que se ha acercado a nosotros. Se encarnó. Se hizo como nosotros. Se hizo uno de nosotros. Compartió nuestros caminos y nuestro pan y nuestro vino. El pez asado y el sudor del cansancio en el trabajo. El gozo de la fraternidad y el desprecio de los que no quisieron escuchar su palabra cercana, reconciliadora, sanadora, salvadora. Él es nuestra imagen de Dios, nuestra forma de conocer a Dios. Su rostro es el rostro de Dios para nosotros. No hay otro medio ni otro camino.
Es lo que nos dice el Evangelio de este domingo. Es un texto que se abre con una afirmación en la que Jesús da testimonio de lo que ha sido su vida: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo” y que termina con un mandato, el único mandato, la única orden, la regla de las reglas, la que contiene todas y, sin embargo, nos abre a la mayor de las libertades: “Esto os mando: que os améis unos a otros”. No hace falta más.
Ahora podemos echar una mirada a nuestro alrededor. Salir a la calle y contemplarnos a nosotros mismos en nuestras relaciones con los demás, con los familiares y vecinos, con los amigos, con los compañeros de trabajo... Podemos recordar nuestros comentarios sobre los políticos, sobre los personajes que vemos en la televisión. Y mirar si nosotros somos capaces de “amar primero”. Porque ahí está la jugada, la clave de nuestro ser cristiano. Seguir a Jesús no es sólo “amar”. Es algo más. Es “amar primero”. Ahí es donde experimentaremos el gozo y la alegría de ser como Jesús y, por tanto, como Dios.
Así comenzaremos a construir el Reino, ese espacio de fraternidad y gozo y paz que, a veces, sólo algunas veces, somos capaces de experimentar en nuestra vida. En ese esfuerzo estaremos contribuyendo a que este mundo sea mejor (no se trata de pensar en el otro mundo sino en este, aquí y ahora). E iremos haciendo realidad el sueño de Dios para nosotros, el sueño que nuestro Creador soñó para sus creaturas y que se frustró en el Calvario y que, a trancas y barrancas, Dios logró sacar adelante resucitando a Jesús de entre los muertos.

viernes 15 de mayo de 2009

EL PODER VICTORIOSO DEL SANTO ROSARIO

Hasta ahora se ha considerado como la mejor definición del Rosario, la que dio el Sumo Pontífice San Pío V en su "Bula" de 1569: "El Rosario o salterio de la Sma. Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor".
El Rosario constaba de 15 Padrenuestros y 150 Avemarías, en recuerdo de los 150 Salmos. Ahora son 20 Padrenuestros y 200 Avemarías, al incluir los misterios de la luz. La palabra Rosario significa "Corona de Rosas". Nuestra Señora ha revelado a varias personas que cada vez que dicen el Ave María le estan dando a Ella una hermosa rosa y que cada Rosario completo le hace una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, y así el Rosario es la rosa de todas las devociones, y por ello la mas importante de todas.


El Rosario esta compuesto de dos elementos: oración mental y oración verbal. En el Santo Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. Estos veinte misterios se han dividido en cuatro grupos: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos. La oración verbal consiste en recitar quince decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María, cada decena encabezada por un Padre Nuestro, mientras meditamos sobre los misterios del Rosario. La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: cuando Nuestra Señora se apareciera a Santo Domingo y se lo entregara como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Desde entonces su devoción se propagó rapidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados. Entre las varias formas y modos de honrar a la Madre de Dios, optando por las que son mejores en si mismas y mas agradables a Ella, es el rezo del Santo Rosario la que ocupa el lugar preminente. Vale la pena recordar que entre las variadas apariciones de la Santisma Virgen, siempre Ella ha insistido en el Rezo del Rosario. Es asi como, por ejemplo, el 13 de Mayo de 1917 en un pueblo de Portugal llamado Cova de Iria, la Santisima Virgen insiste con vehemencia el rezo del Rosario a los tres pastorcitos, en una de sus muchas apariciones a estos tres videntes.
Siendo un sacramental, el Santo Rosario contiene los principales misterios de nuestra religion Catolica, que nutre y sostiene la fe, eleva la mente hasta las verdadades divinamente reveladas, nos invita a la conquista de la eterna patria, acrecienta la piedad de los fieles, promueve las virtudes y las robustece. El Rosario es alto en dignidad y eficacia, podria decirse que es la oracion mas facil para los sencillos y humildes de corazon, es la oracion mas especial que dirigimos a nuestra Madre para que interceda por nosotros ante el trono de Dios. El Santo Rosario prolonga la vida liturgica de la Iglesia pero no la sustituye, al contrario enriquece y da vigor a la misma liturgia. Es por ello, que el Santo Rosario se enmarca como una plegaria dentro de la religiosidad popular que contiene un gran tesoro de volares que responde con sabiduria cristiana a los grandes interrogantes de la existencia.
El pueblo latinoamericano es profundamente Mariano, reconoce con una gran sabiduría popular católica, que llegamos a Jesús Salvador a través de Maria Santísima su Madre y desde los mismos tiempos del descubrimiento y de la conquista de América, se genero una gran devoción por la Virgen Maria; en Ella, nuestros pueblos siempre han mirado el rostro maternal de quien nos trajo la salvación y con la primera manifestación explicita de la Reina del Cielo en tierra americana, con rostro y figura de mujer mestiza, en México, se acrecentó aun mayor el amor y la devoción a ella en todos los países hispano parlantes, reconociéndola como nuestra propia Madre, llena de amor, de misericordia y de piedad para con sus hijos. Sentimiento que va en relación directa con el origen mismo de la Maternidad Divina: Maria es Madre de Dios Redentor es también verdaderamente la Madre de todos los miembros de Cristo, porque Ella colaboro con su amor a que nacieran en la Iglesia, los creyentes, miembros de aquella cabeza que es Cristo.
El paso del tiempo, las costumbres modernas, y la innovación de formas de oración, no pueden dejar a un lado el rezo del Santa Rosario. De hecho, los Santos Padres y los Santos han tenido una profunda devoción a este sacramental, nosotros como católicos y como amantes de la Reina del Cielo hemos de ser fervientes devotos del Rosario. Es digno de recordar que la familia que reza unida permanece unida, Que la recitación piadosa y consciente del Santo Rosario nos traiga la paz al alma y nos una mas estrechamente a Maria para vivir auténticamente nuestro cristianismo

sábado 9 de mayo de 2009

FELIZ DIA DE LAS MADRES

NUESTRAS MADRES UN REGALO DIVINO
Recuerdo hace algún tiempo cuando era estudiante en mis primeros años, que el mes de mayo era esperado con muchas ansias y alegría, y era por muchas razones, es el mes de las flores, el mes de las frutas, entre otros, pero una de ellas que era la más importante, era, por que en este mes se celebra el día de la madre, no se hoy, pero en esa época lo celebrábamos con que dedicación y esmero, nuestros profesores nos hacían ensayar números artísticos, y preparar poemas, canciones y organizar esa fiesta, repartir las invitaciones impresas en la dirección en aquel antiguo aparato que se giraba con la mano, luego coloreábamos el dibujo, que el profesor o profesora de estética, había dibujado con sus propias manos con mucha dedicación en la invitación, (que por cierto aun conservo una de recuerdo) para llevarla a nuestras mamás con mucha emoción y alegría; qué tiempos aquellos, verdad. Y es que, no es para menos, celebrarle a esas mujeres tan maravillosas que nos ha dado parte de su vida, que nos han regalado la maternidad en una DONACIÓN de sí mismas: en el servicio desinteresado, y la preocupación constante por nuestra vida y nuestra salud, la entrega personal, abnegada y amorosa, que cada día en nuestras vidas.Creo que son el ángel, que Dios nos regalo para plasmar su amor puro y desinteresado en nuestras vidas, y le dio un nombre muy especial, le llamamos MAMA, y es que las dotó con un corazón grande y una capacidad de perdonar y aceptarnos ilimitada, y una sabiduría innata que es única en ellas. Ellas son las únicas capaces de querernos por lo que somos no por lo que tenemos.Admirablemente es el único ser en la tierra que es capaz de arrancar su corazón por sus hijos, son mujeres de Fe, de esperanza y caridad, son mujeres de sacrificio profundo y continuo, son mujeres desinteresadas y dispuestas a darlo todo para conseguir nuestra felicidad, son un ejemplo de ese amor puro y sublime de Dios. Es por ello que como hijos debemos de estar siempre agradecidos con Dios por darnos una madre como la que tenemos, y vivir siempre agradecidos con ellas por su incansable amor y dedicación a nuestro cuidado, y esto desde que nos empezamos a formar en su vientre, y desde allí nos comenzaron a alimentar con su misma vida, con su misma alma, con su mismo amor. Todos tenemos parte de sus vidas en nuestra vida, todos tenemos parte de su ser en nuestro ser, todos tenemos su sangre y su amor en nuestras vidas, porque ellas son vicarias de Dios para transmitirnos la vida. No entiendo y nunca lo he entendido, como pueden haber hijos e hijas que no sean capaces de ser agradecidos con su madre, que las tratan mal, que las insultan, que las desprecian, que se avergüenzan de ellas por su sencillez y humildad, porque tienen esas manos curtidas y rotas por el trabajo, porque el paso de los años les ha dejado una huella infranqueable en sus rostros, en sus ojos y en su cabellos; y todo porque, por ser madres, por esforzarse para que tuviéramos lo que tenemos y para que fuéramos lo que somos, trabajaron y se esforzaron para conseguir nuestro alimento, y nuestro desarrollo y ahora tienen una mirada cansada y fatigada, pero llena de esperanza, de fe y de calidez que solo ellas pueden dar. No las ignores, no las trates mal, no las desprecies, ni las veas con recelo, recuerda que antes de tener todo lo que tienes, Dios te la regalo a ella, sintámonos orgullosos de ellas, porque ellas se sienten orgullos de nosotros, aun así hallamos cometido lo errores que hayamos cometido.Hace algunos meses aquí en la parroquia, se presento una persona y con lagrimas en los ojos, diciéndome que no hallaba como hacer porque tenía un cargo de conciencia, le pregunte porque, me contesto- porque mi madre acaba de fallecer y en vida la trate muy mal, se fue y no le pude decir lo mucho que la quería, y por mis caprichos y ambiciones le hice pasar momentos amargos, y difíciles, nunca le ayude porque creí que así me iba a aceptar mis errores y equivocaciones y la deje morir sola- y por ello quiero, me dijo, que le celebre un acto funeral de lo más elegante que pueda, y quiero enterrarla en el cementerio más caro y costoso de Arlington, con una tumba de granito y mármol… no dije nada, solo guarde silencio, pero me quede pensando, que ignorantes y necios somos los hijos con nuestra madre, creemos que somos más sabios que ellas, solo porque quizás fuimos a la universidad, o tenemos alguna que otra comodidad, cuando ellas quizás no saben leer ni escribir, y nos aconsejan o corrigen, y las vemos como desfasadas y equivocadas porque no aceptan que estemos en el error, muchos las tratan mal y hasta las explotan, y al final cuando se van, cuando Dios las reclama para sí, nos quedamos solos y con cargos de conciencia, haciendo gastos absurdos que ya no llenan nada, quieren tranquilizar su conciencia, con lapidas caras y espectáculos de dolor, cuando en vida no fueron capaces de agradecer lo mucho que les dieron. En vida hermano, en vida, ahora que la tienes con tigo, hazle sentir que la quieres, ayúdale en todo lo que este a tu alcance, sácala a pasear, dile que la quieres, regálale algo, dale ese beso que nunca le has dado, dile que te sientes orgulloso de ella, y hazla sentirse orgullosa de ti. En lo particular, yo cada día le agradezco a Dios por la madre que me dio, y me siento orgulloso de tenerla, porque soy lo que soy porque ella siempre ha estado ahí con migo, sus consejos y enseñanzas son siempre la mano de Dios en mi vida. Madres, gracias por ser como son Dios las bendiga siempre y perdónenos que nosotros como hijos a veces no valoramos su amor y su sacrificio. FELIZ DIA DE LAS MADRES, mis oraciones las ofreceré por ustedes en este día. Que Dios las bendiga.

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

UNA VIDA FECUNDA
Jn. 15, 1-8
El texto evangélico de este domingo nos ofrece la imagen de la vid y los sarmientos. Jesucristo, la vid verdadera, y nosotros los sarmientos destinados a dar mucho fruto. Es la imagen de una vida fecunda que proviene de la unión con Jesucristo, y que es participación en la fecundidad del Servidor Resucitado. Una de las necesidades básicas del ser humano -a nivel sicológico- es la de saberse útil, de experimentar que “sirve para algo”, sin importar aún mucho para qué. Sentirnos útiles y sabernos eficaces nos conecta con el delicado aspecto de nuestra autoestima y la necesidad de ser valorados por otros. Se trata, pues, de algo bien importante y delicado en el ser humano. La necesidad de ser eficaces toca todos los ámbitos de la vida, también nuestra vida de fe y nuestro caminar como Iglesia. El texto evangélico de hoy viene a decirnos que Dios quiere que su viña produzca los frutos que Él espera, y nos señala dos condiciones para tal fecundidad: someterse a la “poda”, que es ser purificado por la Palabra (cf. Jn 15, 2 - 3), y permanecer unidos a Jesucristo como los sarmientos a la vid (cf. Jn 15, 4 - 5). Tal como la viña necesita cada año ser podada y desinfectada, así la Palabra de Dios viene constantemente a purificarnos de todo cuanto nos impide una vida fecunda. Someter nuestra vida personal y eclesial a la acción purificadora de la Palabra -frente a las búsquedas de eficacias mundanas- es el inicio de toda fecundidad: “ustedes están limpios gracias a la Palabra que les he anunciado” (Jn 15, 3). Si tal es el inicio de la fecundidad de la viña de Dios, permanecer unidos a Jesucristo es la condición indispensable. No se trata de una simple cercanía, de una evocación histórica o sentimental, de una unión retórica o de una mera pertenencia externa, formal en todo lo “institucional”. Se trata de -dice Jesucristo- de “permanecer en mí” (Jn 15, 4ss), en una íntima comunión de vida y misión. Es aquel “permanecer” que San Pablo expresará repetidamente como “vida en Cristo” -algunos estudiosos han contado hasta 164 veces que Pablo utiliza, en modos diversos, esta expresión-, de manera que en esta unión el cristiano pueda llegar a decir, en palabras de Pablo, “ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí” (Gál 2, 20).Es un hondo paso de fe personal y eclesial entrar en la convicción que sin esta unión a Jesucristo nada podemos hacer, porque siempre experimentamos la tentación de “otras eficacias”: del poder mundano, de los medios económicos, de las influencias de los poderosos, del prestigio, del peso cultural, etc... Nada de eso puede ocupar el lugar de una “vida en Cristo”, sin la cual nos condenamos a la esterilidad según el Evangelio. La acción del Espíritu viene en nuestro auxilio, y siempre purifica a la Iglesia y a cada creyente que se somete a la Palabra. Permanecer en Jesucristo será siempre permanecer en la eficacia según Dios, la eficacia del camino del Siervo; ésta es una gracia a acoger siempre de nuevo en la respuesta de nuestra libertad.
Ser discípulo de Jesucristo es vivir como miembro vivo de la Iglesia; no es posible permanecer en Jesucristo si no es en la unión de todos los sarmientos a la vid. Permanecer en Jesucristo es permanecer en la Iglesia -la viña de Dios llamada a ser fecunda- en una comunión de vida, misión y destino.
El fruto de la unión a Jesucristo es la caridad, y sus variadas expresiones de los frutos del Espíritu (cf. Gál 5, 22). El fruto por excelencia es siempre la presencia de Jesucristo en nuestro mundo; Él es el fruto del Espíritu que se manifiesta al mundo con nuestra libre colaboración. En nuestra cultura actual, marcada -entre otras cosas- por una compulsiva búsqueda de “eficacias”, es importante que no olvidemos nunca que la persona más eficaz de toda la historia es la Virgen María -sí, tal cual-, pues es la que se somete totalmente a la Palabra (“hágase en mí según tu Palabra” Lc 1, 38) y es la que por su libre colaboración trae al mundo el fruto bendito, Jesucristo: “bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.